EL SALVADOR Y SU ARTE.
La historia y la personalidad de
un lugar quedarán representadas en su arte.
La República del Salvador es un pequeño país centroamericano con muchos
contrastes por un lado una problemática social que tiene un trasfondo del
conflicto armado de hace algunas décadas y de la necesidad y la pobreza actual;
por otro lado es un país con una
naturaleza excepcional y con una calidez y una amabilidad en su gente. Casi
siempre lo que se escucha sobre El Salvador tiene que ver con las maras o
pandillas que aquí han influido mucho en la realidad social, pero sobre otras
cosas más positivas como es el arte no se habla mucho. Y creo que la combinación de una situación
social complicada con una naturaleza extraordinaria son los ingredientes perfectos
para que los artistas de este país se expresen mediante sus obras.
Desde que llegamos a este país fuimos recibidos por la familia Barillas,
Carlos y Eduardo eran amigos de mis hermanos y luego fueron mis amigos en mis años en la Universidad en Monterrey. Desde
que llegamos a su casa noté la gran cantidad de pinturas y esculturas
prehispánicas que ahí se encontraban, algo que se podría denominar una
casa-museo. Al platicar con Don Carlos y Noemí, padres de los Barillas, me di cuenta de inmediato de su gusto por el
arte principalmente, el mexicano, así como de muchos países centroamericanos, pero
también cuentan con una colección de arte salvadoreño por demás interesante.
Todos los días acababa interesado en más de una obra de arte, un día fue la
pared llena de máscaras, otro día esa original pintura que está en la sala de
televisión y que describe esa misma sala de televisión, otro día fue la pintura
con estilo algo cubista de un huevo junto
a una esfera roja, otro fueron los alargados hombres de madera, luego la
vitrina con vasijas y utensilios prehispánicos, los instrumentos musicales
antiguos y todos los días al comer era
esa vitrina llena de platos de ornamenta, y el último día fue ese pequeño cuadro moderno
prehispánico de Salvador Cañas en
el que un indigena está pintando a una mujer
desnuda marcándole con pintura roja el corazón, y así entre más pasaban los
días acumulaba nuevas obras a mi lista de favoritas.
La primera tarde que estuvimos en el Salvador tuvimos la oportunidad de
que nos llevarán al Museo de Arte del Salvador, MARTE por sus siglas. Nos
cobraron un dólar con cincuenta centavos por entrar (en El Salvador la moneda
es el dólar americano, antes era el Colón), nos encontramos primero con
una exposición denominada “LA MANO CON
LÁPIZ” donde nos sorprendió encontrar algunos dibujos de Salvador Dalí y de
Picasso entre muchos otros artistas internacionales. En la sala permanente
estaba una exposición de la historia del arte salvadoreño denominada “AL COMPÁS DEL TIEMPO. Procesos e influencias
en el arte salvadoreño.” La cual era una viaje cronológico del desarrollo de las artes visuales en El Salvador. Lo que más me
sorprendió de dicha muestra fue mi total ignorancia con respecto al arte de un
país tan cercano a México como es El Salvador, la verdad yo desconocía todos
los nombres de los artistas cuyas obras estaban expuestas en dicho museo, pero
varias obras me gustaron mucho y anote algunos nombres para tratar de leer un
poco más sobre ellos, Carlos Cañas, José Mejia Vides, Julia Díaz, Salvador
Llort, Pascacio González, son solo algunos.
Ya en los últimos días tuve la oportunidad de ir al Teatro Nacional de
San Salvador a ver a la Orquesta Sinfónica de El Salvador gracias a que me
llevaron Noemí y Eduardo. Primero tuve
la oportunidad de conocer el centro de la ciudad pues no había podido ir porque
no es un lugar del todo seguro. Durante los trayectos tuve la oportunidad de
ver el parque principal, la catedral, el palacio de gobierno, el banco
nacional, el teatro nacional, la glorieta del Salvador del mundo, paredes con
grafitis, puestos y negocios, y un sinfín de personas salvadoreñas. Pero
realmente solo conocí el Teatro Nacional, un edificio elegante de diseño francés, con capacidad de poco más
de 600 personas, no muy grande. A mí se
me figuro un poco en su interior al teatro Morelos de Aguascalientes, pero con
estructuras mucho más firmes, cuenta con una cúpula excepcional pintada de forma bastante colorida
por el artista salvadoreño Carlos Cañas,
y con una llamativa lámpara de cristal. En el interior del teatro la música
estuvo excelente, el director era un japonés de nombre Koichi Okumura, y la
mayoría de los integrantes de la orquesta parecían ser salvadoreños; tocaron
tres piezas, la primera con un solo de oboe magistral, la segunda una relajante
Obertura de Verdi, y finalmente una experimental pieza de Johannes Brahms
llamada las “Variaciones sobre un tema de Haydn”.
En una semana en El Salvador tuve la oportunidad de conocer un poco del
arte local y eso me agrada bastante, les juro que cuando estaba admirando las
obras nunca pensé en los problemas de
inseguridad del país. Creo que el arte tiene un potencial más fuerte que las
armas si se sabe encauzar de la manera correcta; un país como este estará
condenado a vivir con violencia si no se le da más importancia al arte
nacional, pues me queda claro que los salvadoreños tienen la capacidad de crear
obras de arte de primera calidad con la influencia necesaria para hacer sentir
en los corazones salvadoreños esa necesidad de buscar la paz. De otra manera
creo que los problemas de las maras y el mal manejo del gobierno no tendrán
muchas opciones para encontrar una solución.
*Mención especial para la familia Barillas, muy finas personas que lo demuestran en el
hogar que han formado y en su manera de ser. Fueron ellos quienes nos presentaron y nos hicieron aprender un poco más sobre el
arte de este país.
Escrito por David Herrera
15
de Julio de 2015.

No hay comentarios:
Publicar un comentario